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Mente CreativaVíctor Morata Cortado July 03 Fanzine nº1 de Horror HispanoCon cierta demora me acerco a vosotros para daros una buena noticia, la de un nacimiento, un niñito que verá la luz de manos de Bubok y que será uno de los pilares de la web de Horror Hipano o H-Horror,
veáse como se quiera. Hablo del primer número del fanzine que dará
soporte físico a lo que en esta web se viene escribiendo y que tiene un
origen reciente también.
Para este primer número del fanzine se ha hecho una selección, previa votación de los lectores de la web, de los relatos más destacados. Tengo la suerte de que uno de esos relatos sea el mío, "el camino de los condenados", pero más suerte que esa es la de compartir páginas con autores tan grandes como mi buen amigo Javier Pellicer de Tierra de Bardos, al que he prometido (ambos nos prometemos, porque soñar es gratis) que algún día compartiremos feria o stand firmando libros, jejeje. Pero no sólo Javier se encuentra entre las letras de este fanzine cuyos ingresos se destinarán a un futuro premio literario, sino que comparto cartel con el propio Darío Vilas Couselo, creador de la web; Marta Abelló o Martikka, como la conocen algunos, autora del blog Los Manuscritos del Caos y de libros como Tilak el Sabio; María del Carmen Ramírez, a quién muchos conoceréis como Arwen Anne; Rafa Rubio, Anabel Areal o Rafael Guerrero son los tres que restan con quienes comparto este número inaugural. Con algunos comparto afición, amistad y admiración por la fantasía, los sueños, la imaginación y las letras. Este es el primero de, espero, muchos números del fanzine de Horror Hispano. Aún no está a la venta, se encuentra en proceso de maquetación, pero sé de buena tinta que no tardará en aparecer para el deleite de todos. Como comienzo, pinta muy bien. Y bueno, dicho lo dicho, un fuerte abrazo a todos y feliz fin de semana. June 29 Una Nota en el ParabrisasHola
a tod@s, como viene siendo habitual en esta mini sección de relatos no
ganadores de concursos, heme aquí otra vez con uno de ellos. Sin
embargo, no puedo omitir la pena que siento por la muerte de una
persona de mi entorno y que aún no logro comprender, pues ha sido esa
persona la que a sí mismo se ha quitado la vida. Espero que Dios la
guarde consigo y que su alma descanse en paz lo que parece no
descansaba en esta vida terrenal. Así, no voy a decir nada más. Os dejo
este relato que nada tiene que ver con el suceso. Un fuerte abrazo a
tod@s.
UNA NOTA EN EL PARABRISAS
Una palabra. Todo empieza por una palabra. Había una tarjeta en el coche de Alberto Morales. Era pequeña y rectangular, de cartulina ahuesada. Supuso que no debía ser más que una oferta publicitaria y rehusó bajar del coche para retirarla del parabrisas. Tenía otras preocupaciones. Arrancó y salió del aparcamiento subterráneo. El sol quemaba ya en primavera y se dijo que aquellas temperaturas no eran normales, dos días atrás granizaba en plena autovía de camino a casa. Tomó la carretera que bordeaba el puerto hacia la principal con cierta apatía. No pisó demasiado el acelerador dando tiempo a sus pensamientos a que tomaran una forma adecuada para que pudiera examinarlos con detenimiento mientras llegaba a casa. Visualizó sus últimos años y se dijo que no estaba bien todo lo que había hecho. Había sido un mal todo: un mal padre, un mal hijo, un mal esposo, un mal hermano... No había ninguno de sus actos que no hiciera de él un ser mezquino y despreciable. La tarjeta, al recibir el azote del levante, emitió un sonido parecido a un palmeteo que se repetía una y otra vez retando al viento. A mayor velocidad, mayor traqueteo se llevaba el papelito. Alberto sintió como si aquel pedazo de papel quisiera llamar su atención como de hecho hizo. De repente, un deseo irrefrenable se apoderó de él: necesitaba leer el contenido de la tarjeta. Quedó esta ansiedad instalada en su cerebro, distrayéndole a ratos de sus reflexiones. Trataba de seguir las indicaciones del camino, de hilar sus pensamientos y, cada poco, la dichosa tarjetita repiqueteaba llamándole y reavivando la llama de su curiosidad. Se planteó incluso la posibilidad de parar a un lado de la carretera tan sólo por satisfacer aquella ansia. Sin embargo, era como si la mezcla de todo lo que tenía que calibrar su cerebro restase fuerza a esa necesidad latente. Se dio un plazo de media hora, lo que tardaría en llegar, y se dijo que hasta entonces olvidaría todo lo que tuviera que ver con el maldito papel. Volvió al análisis de su vida, una práctica que se había hecho rutinaria de un tiempo para acá. Debió ser que su salud mermada le recordaba que ahora que moría por dentro y su cuerpo se pudría por fuera no había nadie que sostuviese velas en su entierro. Todos se habían marchado. Él los había echado de su vida. Unos estaban cerca, otros no tanto. De los que estaban lejos había algunos que jamás podrían volver. Alberto tuvo a bien encomendarse durante una vida entera a la idolatría del dinero y éste fue el único dios al que él decía ofrecer sus respetos. Se dedicaba a él con obstinación, religioso profesante de una fe ciega. Sus emociones eran meras apariencias que, con el tiempo, dejaron de importarle. Ese fue el inicio del distanciamiento de sus seres queridos y es decir mucho, pues Alberto jamás quiso a nadie. Fue quedándose solo. No importa la soledad si es lo que uno elige, pensaba aún ahora. Pero no era eso lo que más pesaba sobre su conciencia. Habiéndose conformado como uno de los hombres más pudientes, poseía una fortuna envidiable a la que todos miraban con desdén y envidia nada sana. Su familia le había dado la espalda, pero en momentos de necesidad el orgullo se va por las alcantarillas y cualquiera que haya de echarse un mendrugo a la boca y no tenga con qué pierde las vergüenzas y se humilla cien veces si consigue matar el hambre de su familia. Así fue como Isidro, hermano de Alberto, le llegó un día con el rostro agrietado por los surcos de las lágrimas y la pena por bandera. No pedía mucho, tan sólo un poco de dinero para poder sobrevivir mientras encontraba un trabajo que pudiera mantener a los suyos. Fue la oportunidad de Alberto para cobrar sus deudas y ofrecerle la misma moneda que Isidro en sus días pasados. Así, se alegró de sus penurias y le dio la espalda de buena gana. Por alguien, que le señaló con odio en la calle, supo Alberto que su hermano había muerto dejando a tres niños huérfanos pendientes de una pobre viuda, todos, por supuesto, hambrientos y apenas sin un lugar donde caerse muertos. Y ahora, después de tantos años, pesaba en su conciencia. La tarjeta se agitó con más fuerza y volvió a sacar a Alberto del lugar en el que se encontraba. Quitó el pie del acelerador al caer en la cuenta que lo tenía pisado hasta el fondo y el marcador avisaba de una velocidad indecente y nada recomendable. Pensó que ni todos sus millones podían salvarle de la muerte que le esperaba. Imaginó cómo sería. La nota chillaba y golpeaba con insistencia el cristal. Alberto ya no podía pensar tranquilo. En un alarde de lucidez dio al contacto de las escobillas pensando que así iba a desprenderse de la dichosa nota, sacrificando así su información en pos de una reflexión sin sobresaltos, pero no resultó como esperaba y aquello acrecentó el vaivén de la cartulina y los golpes contra el cristal. Maldita sea, pensó. Volvió a pisar el acelerador sin apenas darse cuenta mientras abría la ventanilla y alargaba un brazo por el exterior para alcanzar la causa de su distracción y destruirla. No pudo, se escurría hábilmente entre sus dedos. Se desabrochó el cinturón y elevó el trasero unos centímetros. Eso hizo que pisara aún más el pedal y el coche aumentara sus kilómetros por hora en escasos segundos. Con una mano en el volante, la otra alargada hacia el limpiaparabrisas, encorvado y levantado sobre el asiento y con un pie apretando hasta el fondo el acelerador, lo siguiente que sucedió fue inevitable y, por otra parte, previsible. Alberto perdió el control del vehículo. Éste se estrelló contra el quitamiedos y comenzó a voltear sobre sí mismo a una velocidad de vértigo. En menos de cincuenta metros, Alberto había quedado aplastado por los hierros como si estos fuesen los fuelles de un acordeón. Mientras la vida se le escapaba, él rezaba pidiendo perdón por todo el mal que había cometido en su vida. No terminó sus plegarias y, por ende, no fueron escuchadas. O tal vez sí, pero no cómo él hubiese deseado. Sin embargo, no fue arrepentimiento lo que encontraron en su rostro cuando lo embolsaron y se lo llevaron muerto en la ambulancia. Su cara era reflejo del horror mismo. Recordó en sus últimos instantes, mientras oraba lo que podía y sabía, el día en que su hermano fue a pedirle ayuda y Alberto se la negó. Isidro se marchó con la rabia pegada al pescuezo y no reprimió su odio cuando se volvió para dedicarle sus últimas palabras: Púdrete en el Infierno. Esas habían sido las palabras de su hermano. Las últimas que él le oyera. Cuando el coche dejó de dar vueltas en el aire, estrellándose una y otra vez contra el asfalto aplastando a Alberto, la nota se desprendió del cristal hecho añicos y voló. El deseo de saber lo que ponía no se disipó del todo, a pesar de lo trágico del momento. Tumbado con medio cuerpo fuera del vehículo, exhalando su último aliento, Alberto vio como la tarjeta descendía de los cielos como si fuese una pluma. Cayó en el suelo a dos palmos de él. Con gran esfuerzo, alargó la mano ensangrentada hasta la nota y la tomó entre sus dedos. La volvió para saciar su curiosidad aún fuese lo último que hiciese en vida. No era la tarjeta de nadie que ofreciese sus servicios, ni un reclamo publicitario, ni un recibo por mal aparcamiento. Era un trozo de cartulina escrita en una de sus caras. Reconoció la letra. Reconoció las palabras. Y al leerlas se sintió más desdichado que nunca. Se descompuso en un rictus de terror y expiró. No fue una muerte feliz. Cuando llegó la ambulancia encontraron un cadáver y cuatro palabras ateridas entre sus dedos: Púdrete en el Infierno. Quienes conocían a Alberto no dudaban que así sería. Una palabra. Todo empieza por una palabra. Y acaba con una frase. June 23 Reseña de El Legado de Blanca MiosiHola
a todos, hoy he querido dejar de lado lo que tenía previsto publicar
para dejar mi impronta acerca de la última novela leída, en este caso
la de la autora Blanca Miosi. Desde el comienzo, esta obra ha estado
envuelta en ese halo mágico y rodeada por la casualidad, y así me la
encontré (a diferencia de su primera novela que fue toda una
"Búsqueda") justo cuando estaban desempacandola para colocarla en la
estantería de una librería a la que fui sin haberlo previsto. Pero
bueno, dejémonos de preámbulos innecesarios y vayamos al meollo.
Esta obra, magníficamente relatada y con la certera precisión generacional que imprime Blanca en cada una de sus novelas, nos ofrece como núcleo central la historia de una maldición profética que un misterioso hombre llamado Welldone revela a un mago de circo al principio de la obra. Ese mago no es otro que el qu e llegará a ser el famoso Erik Hanussen, el vidente de los nazis, cuya relación con Adolf Hitler le pondrá en una
posición de poder sobrecogedora. A partir de aquí, la ficción se
entremezcla con la realidad para contarnos con maestría la
intrahistoria de los personajes ligados a ambos personajes, al mago y
al dictador, que verán mezclada su sangre de una forma curiosa. No
quisiera desentrañar ni desvelar los secretos que
esconde esta obra para no romper la magia que contiene, pero sí diré
que, al igual que en la novela anterior de Blanca Miosi (La Búsqueda,
Roca Editorial) nos lleva de la mano por diferentes generaciones con
una destreza sorprendente, casi sin darnos cuenta de la distancia entre
el primero de los acontecimientos y el último. Más de ochenta años en
poco más de cuatrocientas páginas que saben más bien a poco pero dejan
completamente satisfecho al lector. Un círculo bien cerrado y una
historia estremecedora. Se ve que la autora se ha documentado a fondo
tanto en lo que concierne a la Segunda Guerra Mundial y el entorno
nazi, como en lo referente al ocultismo y las prácticas herméticas y
esotéricas que siempre han rodeado a Hanussen y otros como él a lo
largo de toda la historia.Es una lectura muy, muy recomendable para todos aquellos que quieran saber un poco más acerca del secretismo que rodeaba a Hitler y sus secuaces de una manera diferente y brillantemente novelada. Sin más, os invito a todos a sumergiros en esta apasionante aventura llena de intriga, misterio, magia, amor y traición. No os defraudará. Mi más sincera enhorabuena a la autora. Con esto creo que será suficiente para que podáis haceros una idea acerca de la obra. He sido breve para no descubrir nada relevante de la novela, así que si queréis saber más tendréis que leerla. Feliz Verano. Un fuerte abrazo a todos y hasta la próxima. June 16 Los Siete VallesHola,
amig@s. Hoy hago un paréntesis para publicar un relato rescatado de uno
de mis bestiarios. En principio iba a publicar uno de esos "no
galardonados", pero como quiero dedicarlo a una ferviente seguidora,
creí que no estaba a la altura y he pensado que, como su nombre
virtual, debía ofrecer un relato tan etéreo como el viento. Así, he
extraído este relato fantástico del Aire para el Viento del Norte. Así,
haciendo honor a mi promesa, sin más preámbulos, dedico estas palabras
a Willow, para su disfrute y regocijo. Espero que este relato te sepa a
nuevo y, si no, que lo releeas con gusto como si fuese la vez primera.
Al resto, besos y abrazos, y cuidaos mucho en este infierno que empieza
a conformarse como verano. Ahí va el relato.
LOS SIETE VALLES
Una pluma se deslizó con suavidad en el centro mismo de China. La abubilla, ave mensajera por excelencia en la cultura árabe, la recogió y pronto comprendió su significado. El Simurg, el rey de los pájaros de la mitología persa, de hermosas plumas anaranjadas, cabeza humana y cola de pavo real, la había dejado caer como reclamo al resto de las aves. En ese instante, la abubilla desplegó sus alas y corrió presurosa a alertar al resto de las aves de la larga marcha a la que debían someterse para encontrarse con el Simurg.
El pajarillo mensajero consiguió reunir a un gran número de aves en reunión. En el centro mismo del bosque, donde los árboles se separan para formar pequeños círculos despejados de maleza, todas las aves se mostraban curiosas y confusas al tiempo por la premura de aquella convocatoria. La abubilla entonces mostró la pluma bronceada y explicó el asunto que traía entre plumas. El revuelo de las alas agitándose enturbió el soliloquio de exposición y la abubilla tuvo que poner orden para hacerse escuchar. Un gran número de aves renunciaron de inmediato a la llamada del Simurg, otros no dieron crédito a las palabras del mensajero. Muchos se negaron a emprender un viaje que podría costarles la vida, por complicado y peligroso. Aún así, un abundante séquito se proclamó afirmativamente y se adecuó la fecha de partida en ese mismo momento. Las miradas de los cobardes negados se posaron fijamente mientras el resto alzaba el vuelo y se perdían entre las nubes, más allá del Sol. Les esperaba un largo trayecto y no podían permitirse perder ni un ápice del tiempo que les restaba hasta el encuentro con el rey de los pájaros. El Simurg era respetado por su singular belleza y cualidades extraordinarias, dignas de su esencia de fabulosa ave inmortal, poseedora del don de la palabra y portadora de una gran sabiduría de la que solía hacer gala en los momentos en los cuales se precisaba de ella.
Además de superar innumerables retos y peligros a lo largo del camino, las aves tuvieron que atravesar los siete valles que comprendían el espacio intermedio entre el bosque y la montaña donde residía el Simurg.
El primero de ellos era el valle de la Búsqueda, en él tuvieron que enfrentarse ante la duda de saber hacia donde se dirigían. Algunos pájaros cayeron aturdidos con la incógnita sembrando sus diminutos cerebros, instándoles a abandonar la tortura de aquel encuentro con la sabiduría misma que representaba el rey de las aves. En su desconcierto, muchos chocaron con las escarpadas laderas que delimitaban el valle o caían en los arroyos, confusos, hasta ahogarse y poner fin a sus inquietantes pensamientos.
En el segundo de los valles, el de la Confianza, algunos descubrieron el amor hacia sí mismos y los demás, la fe en aquel viaje y los que gobernaban las primeras líneas de vuelo. Otros, sin embargo, cayeron en la desdicha de sentirse engañados, estafados por una quimera que nunca alcanzarían, desconfiando de cualquier palabra que pudiera ser emitida aún con el dulce piar de sus compañeros. El aliento que algunos intentaron imbuir en otros fue en vano y, en este pasaje, algunas aves también perecieron en un cese de su batir que les costó la inesperada cercanía del suelo y su consecuente, y no menos estrepitosa, muerte. A lo largo del viaje, el número de aves en vuelo iba decreciendo, los más valientes y confiados seguían firmes en su batir, pero aún les quedaba mucho para llegar y cinco valles que atravesar.
El tercero, el valle de la Independencia, les hizo a todos sentir el miedo más profundo ante el abandono y se agrupaban tanto que sus alas entorpecían el vuelo y procuraban el desequilibrio y la estabilidad necesarias para seguir adelante. En aquel trayecto debían aprender que, sí bien hemos de ser amantes y amigos, no hay que olvidar la confianza en uno mismo y aprender a volar en solitario aún siendo acompañados por multitudes. Los que no supieron que la toma de decisiones era singular aún supeditada a un bien común, perecieron en su intento de encaramarse a otros y dejarse llevar por las decisiones de otros sin tener en cuenta las suyas propias o las consecuencias que aquella necesidad procuraba a cada uno. Perdiendo el equilibrio e, incluso en ocasiones, las plumas, gran número de aves se despeñaron contra los obstáculos del camino de igual manera que algunos lo hicieran en el anterior valle.
El cuarto valle, el de la Unicidad Divina, les hizo reunir el resto de los aprendizajes anteriores para darse cuenta que, a pesar de sentirse seres independientes, debían unificarse con el potencial divino y la energía que el mismo grupo emanaba en su anhelo de aquel fin común, el de encontrarse con el Simurg y dar respuesta a su llamada. Durante este valle, se apoyaron entre ellos, dándose ánimos y encomendándose a las fuerzas divinas, cantando y procurándose una vitalidad que comenzaba a decrecer. No todos lo consiguieron. Aunque en número menor, algunas aves desistieron de su vuelo y se dejaron llevar por la desesperación y la incredulidad, la no creencia les llevó a una muerte elegida por el desánimo.
El quinto valle fue el del Asombro y, curiosamente, en éste consiguieron dar un enfoque nuevo a todo lo que les rodeaba, descubriendo nuevamente el mundo a su alrededor. Los que atravesaron el valle, lo hicieron con una mirada diferente. Se veían a sí mismos como si fuese la primera vez que se observaban detenidamente, estudiando los detalles de su anatomía, de su vuelo, la suavidad de sus plumas y la dulzura de sus cánticos, el sonido del viento cortándose en su avanzada y rozando sus caras, el Sol regalándole sus rayos. Se sorprendieron de sus pensamientos, de sus vidas y del destino que les esperaba al atravesar los dos valles que les restaban. Esta vez, sólo un par de aves, un canario y una golondrina, no fueron capaces de asombrase de su entorno y cesaron su vuelo en un intento fallido de emprender la retirada.
El sexto fue el valle de la Indigencia, y se recordaron mutuamente que no tenían recursos suficientes para seguir con vida en aquel viaje, no tenían alimento, ni agua, y sus alas ya empezaban a sentirse cansadas de su vuelo constante. Esta sensación de necesidad mermó a la mitad de los que aún volaban y decidieron frenar su vuelo para recuperar fuerzas en los bosques que nacían bajo sus alas y refrescarse en las aguas de los ríos y lagos que encontraban a su paso. Los que confiaron en su fortaleza interior y sacaron energías de lo más recóndito de sí mismos se sintieron gratamente vigorizados en cada movimiento, los que descendieron, murieron envenenados por los frutos silvestres de la flora del valle o atragantados por el agua que corría surcando la planicie.
Por último, las aves restantes se sucedieron cansadas sobre el valle del Amor. Al atravesarlo, sintieron como sus corazones se henchían de gozo y se descubrieron con una emoción intensa hacia el prójimo, aquel que surcaba los vientos a su lado. Las miradas fraternales se cruzaban en el aire. El viaje llegaba a su fin y casi todos procuraban prestarse ayuda, aunque fuera moral. Sintieron crecer en su pecho el caluroso bienestar por cuanto les rodeaba, enamorados del resto de las aves, de la naturaleza, de la más minúscula molécula, siguieron volando mientras proferían los cantos más bellos que jamás emitieran sus gargantas. Sólo dos aves no superaron aquel valle, una pareja de pájaros que, creyéndose enamorados, no vieron más que el rostro del horror al no poder sentir como el resto. Al descubrir que no era amor lo que les unía no supieron más que, en la profunda tristeza que les embargó, dejarse caer para morir antes que aquello les consumiera el alma.
Después de superar el último de los siete valles, la abubilla y el resto de las aves, divisaron la majestuosa montaña que albergaba la mayor de las sabidurías en forma de gran pájaro. Apretaron el vuelo y, en cuestión de pocos minutos, se encontraron posados a los pies del montículo. Allí descubrieron los más maravillosos manjares aguardándoles como recompensa a tan duro viaje. Tan sólo treinta de los cientos de aves que partieron llegaron al lugar. Bebieron y comieron hasta saciar sus apetitos. Cuando se sintieron satisfechos, una voz les instó a subir a la cúspide para encontrarse con el Simurg. Les esperaba, agradecido y plácido, sabiendo que aquellos que habían llegado a su vera eran los que debían. Una pequeña oratoria rogó por las almas de los que perecieron durante el viaje. El silencio se hizo después y tras el viaje, las sabias palabras que esperaban recibir del Simurg nunca se pronunciaron. Las mentes de los pájaros, después de superar todos los inconvenientes para llegar allí, comprendieron el mensaje al que estaban predestinados. El viaje era ese mensaje. Pues tras haber conseguido superarlo, aprendieron que habían adquirido y fortalecido los siete rasgos que regían sus vidas. El Simurg les obsequió con una mirada de asentimiento y obtuvieron la confirmación a sus divagaciones. Las alas del rey de los pájaros entonces se abrieron espléndidas y mostraron su grandeza y colorido. Todos le vieron partir hacia el cielo mientras una certeza se asentaba en sus memorias y, hasta incluso, en sus propias almas de aves valientes y entregadas, una máxima se pronunció a coro en el interior de cada uno de ellos y se sintieron plenos y felices: todos ellos formaban parte del Simurg y el Simurg estaba en cada uno de ellos. June 12 Reseña de La Última Confesión de José Antonio Castro CebriánHola
de nuevo a tod@s. Hoy quería exponer aquí una pequeña reseña acerca de
un recién descubierto autor que creo que no pasará desapercibido ante
los lectores más avezados. La he publicado también de Shvoong
para todos aquellos que quieran leerla allí y, de paso, sumar visitas a
mi página personal en este espacio tan particular. Mis más sincera
enhorabuena a José Antonio
por tan estupenda novela que ha despertado mi interés dormido por este
género. Un fuerte abrazo y feliz fin de semana a todo el mundo. Para José Antonio Castro Cebrián "La Última Confesión" es su ópera prima. Si bien, anteriormente ha empleado su destreza literaria para la poesía, es en esta novela donde se descubren todas sus armas y las despliega en un gran abanico de sutilezas, poesía encubierta y misterio. Es un misterio cargado de tensión, un thriller literario que no te deja respirar hasta la última página. Son casi cuatrocientas páginas de trama bien enlazada y de personajes profundos, cada uno con una buena intrahistoria que se va desgranando poco a poco, limpiamente. La historia comienza c on
un cura, el padre Eduardo, entrando en una comisaría de Madrid
desquiciado, enloquecido. Una vez llamada la atención de los presentes,
se corta la lengua delante de todos y se la traga. Con un comienzo tan
atronador no se puede esperar una continuación menos escandalosa. Así,
durante las siguientes páginas, el padre Eduardo se desvela como
confesor de sus innumerables pecados y exige la presencia para
descargar su culpa de una periodista que llegará a ser protagonista
también de esta historia. Hablamos de Gisela, una mujer recién
embarazada a la que los sentimientos la aturullan en el momento en el
que el cura decide utilizarla como "ángel de la guarda". Será ella la
receptora de las confesiones escritas del padre Eduardo que este le
hará llegar por diversas vías. En ese acto van implícitas muchas
lecturas que habrán de desarrollarse a lo largo de la novela. Pero
Gisela y el padre Eduardo no son los protagonistas absolutos de esta
historia. Como no podía ser de otro modo, no podía faltar el poli duro,
el investigador que busca justicia empleando para ello todo su
carácter, agriado por los años de servicio y el sabor amargo de una
relación frustrada. Hablamos del inspector Martínez, acompañado siempre
por la subinspectora Marga y que, a su vez, enlaza emocionalmente con
la historia por su relación fracasada con Lucía, la jefa de Gisela.
Todo lo que pudiera parecer un complicado montaje difícil de enteder,
lo es en un breve resumen pero no en una historia tan bien desgajada y
contada. La desenvoltura con la que mueve José Antonio Castro a sus personajes a lo largo de cada uno de los escenarios que se nos muestran, tanto interiores como exteriores, es sublime. Refleja con certeza cada uno de los pasajes, creando un triángulo entre Barcelona, Madrid y Sevilla, tres grandes ciudades que ofrecen además un potente dinamismo a la novela, abriendo las miras hacia decenas de posibilidades. Se destaca, no obstante, como decía anteriormente, la capacidad del autor de entrelazar cada historia y cada personaje principal con otros en apariencia más secundarios. Cada pieza encaja perfectamente y no se ven cabos sueltos que dejen coja la trama. El autor consigue que el lector se ponga en la piel de cada una de las almas que pululan por este escenario y lo mantiene a la expectativa en todo momento, dejándole imaginar sobre quién recaerá la espada de la justicia, tratando de dilucidar la identidad del autor de todos los crímenes que se suceden, la mayoría con una firma muy personal: la mutilación de todos los dedos de las manos. Sin duda, nos encontramos ante una gran obra policíaca. Se disfruta y se vive. Es una novela que, dentro de este género, resulta altamente recomendable. June 11 Presentación de "Tocando Fondo" en Algeciras Queridos
amig@s, acabo de recibir un email de una buena amiga, Ascensión Rivera
Serván, en el cual anuncia una próxima presentación de su novela en
Algeciras. Creo que el mail habla por sí mismo así que os lo transcribo
directamente para todos aquellos que podáis estar interesados en
colaborar con vuestra asistencia al evento. Gracias a todos, aquí va la información al respecto: Próximo Jueves, día 18 de Junio de 2009. Hora: 19:30 horas Lugar : en la Sede de "Barrio Vivo". Coordinadora de la lucha contra las drogas. Pza. Andalucía. ALGECIRAS. PRESENTACION DE LA NOVELA "TOCANDO FONDO". Una historia real sobre las drogas. Autora: Mª Ascensión Rivera Serván. Los beneficios de esta novela son donados integros para la lucha contra las drogas. Será presentada por D. José Manuel Serrano, Periodista de la Subdelegación del Gobierno del Campo del Gibraltar en Algeciras. D. Francisco Mena y D. Miguel Alberto, ambos responsables de la Plataforma Antidroga "Barrio Vivo" Asistentes: diversas personalidades de gobierno, institucionales, sanitarias,fuerzas de seguridad y asociaciones. Stand con mesa de libros a cargo de Carlos de la librería "El Libro técnico" de Algeciras Y por supuesto familiares, amigos y todo aquel que desee estar por una u otra razón, o sin razón alguna. June 08 El Legado de Blanca MiosiEstimados
amigos, hoy este post se lo quiero dedicar a una buena amiga que surgió
en este mundo de redes y a la que debo más de un buen consejo y
crítica. Se trata de Blanca Miosi,
una gran mujer y autora que, además, mañana está de estreno. Así es,
mañana, 9 de Junio de 2009, además de ser el día de la Región de
Murcia, se presenta su nueva novela El Legado: La hija de Hitler de manos de la recién nacida, y no por ello menos importante, Editorial Viceversa.
Por eso, me complace animaros a que si no habéis leído nada de esta
autora empecéis ahora y si lo habéis hecho, sobran las palabras y los
ánimos porque seguro que lo volveréis a hacer y, por ende, disfrutaréis
de nuevo con su magnífica prosa. De ella son testigos algunas de las
personas que han tenido a bien entrevistarla como Teo Palacios o Helena O'Callaghan García.
Por desgracia para mí, al ser fiesta en la región donde vivo, las
librerías y demás puntos de venta están cerrados y habré de aguardar
hasta el siguiente día para adquirir mi ejemplar. Pero, como suelen
decir, lo bueno se hace esperar. Sin más preámbulos y con mis mejores
deseos para Blanca, he aquí una breve sinopsis de su nueva novela:
Pocas personas influyeron tanto en la vida de Adolf Hitler como el misterioso Erik Hanussen considerado, durante muchos años, el mejor vidente de Berlín y consejero personal del dictador. Dos personalidades ambiciosas que se utilizaron mutuamente para obtener lo que más deseaban. Pero, todo tiene un precio… Hanussen ayudó a Hitler en su fulgurante ascenso al poder; sin embargo, no fue capaz de controlar las consecuencias de una descendencia con los mismos genes que el Fuhrer. A partir de la misteriosa historia de Erik Hanussen, astrólogo, vidente, mago y amigo personal de Adolf Hitler, El legado. La hija de Hitler es una fascinante novela sobre una saga familiar fantásticamente ambientada, un relato con personajes perseguidos por un pasado que determinará sus trágicos destinos. ![]() June 04 A un amigo perdido Bueno,
queridos amigos encontrados, os dejo para dar fin a mi último día con
mi actual edad con otro de esos relatos presentados a concurso y no
llegados al fin que se pretendía al enviarlos. En este caso se trataba
del "I Certamen Epistolar ArtGerust" y el tema sobre el que debían
versar las cartas tenía que centrarse en los viajes, habiendo destinar
esa misiva a alguien conocido contando las experiencias de tu aventura.
Bueno, yo traté de darle mi estilo y aquí os lo ofrezco. Espero que os
guste. Un abrazo y hasta pronto, la próxima vez que publique ya lo haré
con 32 añazos. Jejeje. Besos para todos. A UN AMIGO PERDIDO
Estimado amigo, desde que nos separamos han pasado muchas cosas y es por eso que quería hacértelas saber en forma de misiva. Sí, ya sé que hoy en día priman las nuevas tecnologías y que el correo electrónico nos hubiera privado de ciertas barreras temporales y espaciales, pero no hubiese sido lo mismo. No hay nada como oler el papel y la tinta que se desborda por cada hoja, sintiendo el peso del manuscrito y el tacto de su roce sobre la yema de nuestros dedos. Llámame romántico, ya sabes que mi espíritu se inclina a serlo. Como te decía, se han sucedido los acontecimientos desde que nos vimos por última vez. Mis pasos han seguido un rumbo diferente del que pretendía y no hay vuelta atrás. ¿Recuerdas cuando queríamos viajar al fin del mundo y perdernos en el infinito de las auroras boreales? Qué tiempos aquellos. Los recuerdo con mucha añoranza, con una luz enternecedora cerniéndose sobre nuestros hombros. Soy feliz recordando y, al tiempo, me recorre una amargura el espinazo que me eriza todo el vello del cuerpo. Qué cosas. No sé si te acuerdas de mis locuras. Siempre estabas recriminando mi forma de comportarme, mi aire de autosuficiencia fingida y mis ambiciones. Sé que no lo pretendías o, al menos, no de la manera en que me lo mostrabas. Hoy ya da igual. Yo te sigo queriendo como si fueses mi hermano. Bueno, voy desviándome sin querer del cometido de esta carta, que no es otro que alabar las grandezas de lo que he hallado en mi camino. Los días se fueron haciendo más largos a medida que iba hacia el Sur. Las noches más claras y los días más luminosos. El tiempo fue caldeándose y se olvidaron las nieves y los vientos helados de azotar mi espalda. No tuve más transporte que mis pies ni más carga que mi mochila. Con ella al hombro y el ánimo exaltado, decidí que no necesitaba más para ser feliz. No te lo tomes a mal, amigo, pero tú ya tenías tus propios planes para tu vida y yo no encajaba del todo en ellos. No te culpo. Soy consciente de mi naturaleza. En cualquier caso, me fui alejando de mi mundo, de ese que ambos conocíamos desde hacía mucho. Durante el camino encontré lo que cualquier viajero en un trayecto largo: amigos o, sería más acertado, compañeros de viaje. En ellos me apoyé durante largas caminatas emocionales y con ellos compartí mis más ocultos sueños al calor de una hoguera mientras rendíamos homenaje a Baco. Pero, al igual que yo contigo, esa gente fue desvaneciéndose y llegó un momento en el que no hubo nadie que lograra sustituirla. Con ellos compartí grandes conversaciones. Ya te hablaré de ellos cuando volvamos a encontrarnos. Son de lo más interesante, ya verás. Con su compañía llegué a un lugar donde los océanos se unían y rodeaban la tierra en una deliciosa costa plagada de palmerales. El mar que bañaba sus playas era cristalino y podías deleitarte durante horas viendo la espuma lamer aquella arena blanca. Apenas había lugareños que pudieran indicarme con acierto los nombres que el mundo conocido otorgaba a aquellas maravillas, pero no me importó. Amables, los nativos me invitaron durante muchos días a comer con ellos y pude incluso aprender a comunicarme en su propio idioma. Aún desconozco quiénes eran y cómo yo había llegado hasta allí con tan sólo poner un pie detrás de otro. ¿Tanto tiempo había permanecido abstraído en mis pensamientos que no me había dado cuenta del largo caminar? No lo creo. Más bien pienso que, en algún punto del trayecto, algo sucedió. Debió ser como uno de esos pliegues del Universo, una puerta cuyo umbral crucé sin apercibirme de ello. Y, ¡zas!, ya estaba del otro lado, en algún lugar del planeta inexplorado. Suena extraño que aún haya zonas así aquí, ¿verdad? Allí pasé muchos meses. Por eso no pude escribirte antes, no había modo. Una vez abandoné aquel paraíso, quise seguir sin tener que dar la vuelta y aquella buena gente me prestó una embarcación más o menos decente. No debía estar muy lejos de la otra orilla (por lo que adiviné ellos me decían) pero preferí no aventurarme y seguí la ribera de aquellas playas hacia el Este, pensando que sería más seguro tener tierra firme cerca en caso de cualquier contratiempo. Descubrí lo acertado de mi decisión cuando me encontré en un lugar jamás descrito antes por el hombre. Ya comenzaba a pensar que la locura estaba asentándose en mí y hube de frotarme con fuerza los ojos antes de dar crédito a lo que a través de ellos se filtraba. Las playas tornaron sus arenas blancas en negras. Lejos de estropear el paisaje, esto lo embelleció mucho más. Las palmeras y el resto de la flora fueron adquiriendo formas más exóticas y coloridas hasta crear un auténtico festín visual y oloroso. Mis sentidos se encontraban embriagados. Más aún cuando, desde la barca, vi como un conjunto de muchachas (créeme si te digo que jamás había visto tanta belleza unificada) se acercaban con los brazos alzados para darme la bienvenida. Curiosamente, conocían mi idioma. Me dejé seducir por sus encantos y me llevaron a una ciudad que crecía a los pies del mar y que se veía en expansión. Era un contraste sobrenatural el de aquellas muchachas ligeras de ropa, sonrientes, y la urbe creciente tratando de ganar terreno a la naturaleza. Justo donde acababa la playa y comenzaban las viviendas, se alzaba una enorme estatua plateada. Era el Vigilante del Camino, me habían dicho las chicas. Era una gigantesca construcción de metal bruñido que representaba un homínido de aspecto portentoso, hercúleo. Mantenía las piernas ligeramente abiertas y bajo ellas se forjaba un sendero sinuoso que se adentraba entre las edificaciones. ¿No te parece raro algo así en estos días? De aquello tan sólo recuerdo mi llegada y mi partida, pero no sabría decirte cuánto tiempo pasé entre aquellas gentes ni lo que hice o saqué de ellas. Lo último que recuerdo es que alguien, tan sonriente como las sugerentes féminas, me decía que no abandonara el sendero por muchas oportunidades que tuviera de hacerlo. Por si acaso, preferí no hacerlo. Tiempo después, amanecí en la ciudad desde la que te escribo. Una tan convencional como las que tú y yo hemos visitado cientos de veces. Y ha sido al llegar aquí cuando algo en mí me dijo que tomara papel y lápiz y te escribiera. Hace muchos años que no hablamos y no quería que nos despidiéramos de esta vida sin haber hecho las paces. Este camino creo que fue precisamente establecido en mi existencia con ese único y preciso fin, el de poder llevarme en paz. No importa que maldijeses a mi familia, que robases mis propiedades ni que pusieses a todos aquellos que siempre he amado en mi contra. Nada de eso tiene importancia ya. Aún desde aquí puedo oler tu arrepentimiento y amargura. Por eso te pido, para poner fin a esta misiva, que seas un buen viajero y camines en paz. Yo ya no te culpo por nada. Ni siquiera por este viaje, el último que jamás haré. Te sorprenderá recibir esta carta. Lo sé. Pero no te asustes. Simplemente acepta mi perdón y sé feliz, amigo. Ya no puedes devolverme la vida y, sin embargo, puedes hacer que otros jamás la pierdan. Recuerda eso cada vez que empuñes un arma o dictes una sentencia, o juzgues a alguien, o algo te moleste por ser diferente. Bueno, amigo, espero que todo te vaya bien y que tu alarma, a este punto de mi carta, ya se haya disipado. Recibe un fortísimo abrazo y un sincero saludo. Atentamente, tu amigo. P.D. Estoy seguro de que te encantará este lugar tan cotidiano y extraordinario a un tiempo pero, sobre todo, estoy convencido de que sabrás apreciar la maravillosa experiencia del viaje que precederá a nuestro encuentro. Hasta pronto. June 01 ¡Ey, Doc!Hola a tod@s de nuevo, para no perder la dinámica que últimamente estoy tomando con la exposición en el blog de relatos presentados a concursos no ganados y dar comienzo a este mes de Junio, en esta ocasión quiero ofreceros el relato que envié al “VI Concurso Literario de Relato Breve Parkinson Astorga 2009” cuyo tema no era libre, sino que tenía que ir relacionado con la enfermedad. No es de mis mejores relatos, pero ya que estamos os lo pongo para que le echéis un vistazo y quién sabe, igual hasta os gusta. Bueno, es algo experimental y raro, aquí lo tenéis.
¡EY, DOC!
Había sido testigo de aquel derrumbe en primera persona, como sentir el viento azotando tu cara mientras ves a lo lejos como tira un castillo de naipes. Lo tenía todo, había alcanzado el éxito con el que tantas veces había soñado y ahora... ahora era mucho más de lo que hubiera podido ser de seguir con aquella vida. Eso, sin embargo, no era una excusa para auto animarse, ni tampoco un bálsamo para esconder el dolor de aquella enfermedad. Ey, Doc, ¿cómo va eso? Había sido un viajero en el tiempo por tres veces consecutivas: visitando los engominados años cincuenta, sus futuras generaciones muy pasado el siglo XXI y las desoladas llanuras del salvaje oeste; también se había cubierto de pelo en dos ocasiones y surfeado a lomos de una furgoneta volkswagen siendo un universitario con alma de hombre lobo; había escalado como un adolescente entre las faldas de una madura amante de su tío; incluso había sido un facineroso cazafantasmas en busca de la fortuna plantada en el mal ajeno y el miedo a lo desconocido. ¿Qué había sido de todo eso, eh, Doc? Michael había sido el eterno joven, el inmortal del cine... parecía que hubiese hecho un pacto con el diablo. Ni él pudo escapar de las garras de la enfermedad... él... tan alto en su trono que algunos casi le consideraban un dios inalcanzable por las banalidades del ser humano. Desde allí arriba nada ni nadie debía tocarle, pero la realidad apunta hacia un hecho bien distinto y es que al final todos somos medidos con el mismo rasero y la cuchilla cae sobre todas las almas por igual.
Había sido testigo de aquel derrumbe en primera persona, su castillo de naipes se vino abajo en el peor de los momentos. ¡Qué ironía! ¿Eh, Doc? No había buenos momentos para las malas noticias. Todo empezó con unos leves temblores en las manos, nada que no pudiera ocultar a las cámaras tras la espalda o con ellas en los bolsillos. Su expresión, acostumbrada al teatro, se mostraba sobreactuada pero certera; tan sólo sus ojos eran delatores y nadie se fijaba en ellos. Era un temblor leve, eventual... no ocurría todo el tiempo... ¿eh, Doc? Pero ocurría, e iba a más. Era inevitable. Hubo de dejar la guitarra aparcada en un rincón de la sala de estar, con la esperanza de poder volverla a tocar con la misma soltura que antaño. Le parecía tan lejana esa opción ahora.
Los temblores se hicieron mayores y tuvo que declinar grandes proyectos de futuro, su carrera de actor se limitó a alguna esporádica aparición en seriales de televisión y siempre disimulando su enfermedad. El terrible parkinson te come por dentro, ¿eh, Doc? Te arranca la voluntad y te somete. La medicación no era suficiente, si bien aquellas pastillas conseguían estabilizarle un poco, no era suficiente. No lo era, maldita sea, Doc. Llegó el fatídico momento de dar la noticia a los medios y anunciar oficialmente su retirada del mundo del celuloide. Fue el día más triste de su vida. El eterno adolescente consumido por una enfermedad de anciano. ¿Cómo era aquello posible? Se preguntaron muchos. ¿Acaso había firmado en verdad un pacto con el diablo y ahora venía a saldar su deuda? Chismorreaban otros. Y quizá, no se daban cuenta de que, como decía Tom Hanks en el papel de Forest Gump, tal vez la vida no sea más que una caja de bombones de la que no sabes cuál te va a tocar.
Después de aquello, la vida fue diferente. No mejor ni peor, sino diferente. Su fortuna encontró un objetivo, en el que se apoyó firmemente para ayudar a los que, como él, sufrían aquella enfermedad. Su imagen, que tanta fama le había proporcionado, ya no era lo que antaño y su semblante se mostraba cada vez más desmejorado, demacrado y pálido. Sus ojos eran el reflejo mismo de la impotencia, pero no de la desazón. Había encontrado algo por lo que luchar, una causa por la que seguir adelante. Ese era el brillo que mantenía en su mirada.
Fue entonces cuando comenzó a considerar que aquella maldición tal vez no lo era tanto o, quizá, no es que no lo fuera, sino que le había aportado una nueva visión tan esclarecedora de la vida que no deseaba considerarla como la lacra que todos veían en ella. Por esa enfermedad había comenzado a valorar más aún todo cuanto le rodeaba. Por ella había emprendido una batalla que estaba decidido a ganar. Recordó a Reeves, a aquel superman venido a menos y su afán por ayudar al prójimo a raíz de su mal. Era curioso como la vida pone a cada uno en el lugar en el que debe estar para que su esfuerzo sea el adecuado y, a su vez, resulta curioso sentir como, en ese estado de cierta invalidez, cada una de esas personas se vale de una fuerza que no creía tener para sacar adelante su propia vida, animar a quienes les rodean y luchar por una causa que hasta entonces para ellos era totalmente desconocida. Cómo es el ser humano, ¿eh, Doc? Basta a veces un simple gesto para que la vida dé un giro inesperado, de ciento ochenta grados. Y, como un dado, nunca se sabe a quien le va a tocar.
Michael había tenido una vida como la de cualquier otro, llena de sueños que, por suerte, había visto cumplidos siendo muy joven (o, al menos, pareciéndolo). Había alcanzado lo que otros tan sólo sueñan. Y, de repente, como si una brisa le hubiese dejado aquel regalo en una mañana estival, comenzaron los temblores y fueron a más, hasta convertirse en una constante. Fue duro para todos, pero allí estaba, avanzando estoicamente, sin detenerse. Ya no. Aquella enfermedad le había sobrevenido en su mejor momento y, como decía, Michael la consideró durante mucho tiempo la mayor de las maldiciones, un estigma que no entendía le eligiera a él con tantos miles de millones como había en el mundo. Sin duda, no era ni sería el único. Sin embargo, como decía al principio, esa maldición resultó no serlo tanto, al menos para mucha otra gente. Entre esa gente estoy yo e, increíblemente, mis manos han conseguido teclear cada una de estas letras sin el más mínimo temblor. Muchas décadas después, gracias a su contribución a la ciencia, a su empeño por ayudar a quienes se encontraban en su situación pero sin tantos recursos para sobrevivir, gracias a Michael, hoy podemos decir que esa enfermedad es cosa del pasado. En honor a él queda un monumento en el centro mismo del parque en el que antaño estuvo erigida la mayor asociación en contra del parkinson. Pero todo es poco en este futuro en el que el nombre de esa enfermedad comienza a diluirse como una pesadilla en el recién despertar. ¿Qué te parece, Doc? Al final vencimos de regreso al futuro. May 29 El CuboEstimados
amigos blogueros, siguiendo en la racha de concursos no ganados (que no
es algo que me preocupe en exceso), en esta ocasión el susodicho era el
“XV Certamen Literario Semana Cultural de Benagalbón“, otro de mis
relatos ha quedado liberado y antes de
presentarlo a otro concurso (cada relato tiene el suyo y no me gusta
repetir) he querido compartirlo con todos vosotros para vuestro deleite
o sufrimiento (según se mire). Aprovecho así mismo para desearos un
feliz fin de semana, lleno de creatividad para los que se mueven en el
arte y lleno de buenos deseos y felicidad para todos los demás (pero
también para los artistas, jejejeje). Aprovecho también para felicitar
a esos toros y gemelos que han cumplido añitos en estas dos últimas
semanas por si se pasan por aquí (Natalita,
Anita, Mar, Mine, Rosana, Lorenica…) y los que ahora están a punto de
cumplir (entre ellos yo, mi hermano y mi cuñada). En una semana, con el
Día Mundial del Medio Ambiente, llegan mis 32, así que espero llevarlos
si cabe mejor que estos que quedan atrás. Pero bueno, felicidades de
momento a los cumplidos y feliz fin de semana a todos los demás. Y de
regalo, un cubo, el de mi relato. Besos y abrazos a quien corresponda. EL CUBO Escalaba la Luna aquella noche clara cuando él decidió que su lugar estaba lejos de aquellos que moraban más allá de la colina, donde la naturaleza dejaba paso a los altos edificios grises estrellados unos contra otros, buscando una cercanía que al tiempo era lejana. En estos tiempos, los vecinos no se cruzaban por los pasillos, ni los amigos tomaban sus copas en el bar de la esquina. En estos tiempos, la distancia ya no existía y, precisamente por esto, representaba un vacío abismal, una nada absoluta entre los individuos. Internet. Esa era la palabra que había separado a la Humanidad, engañándoles con la idea de una falsa unidad. Algunos de los que se encontraban en la red estaban tan cerca en la vida real que asustaba. Podía ser el vecino del quinto o la chica de la tercera fila en clase, uno de los pocos sitios en los cuales aún era imprescindible la asistencia. Pero ¿quién lo sabía? Ocultos bajo un nombre de usuario que escondía a su vez una compleja trama de selección, esta ban niños y adultos por igual. Se movían entre sombras y viajaban en la mentira que ellos habían creado. Visitaban lugares virtuales que, en la mayoría de las ocasiones, eran fieles reproducciones de la realidad colindante. ¿Qué les hacía desear con mayor fervor lo que aparecía en sus pantallas que la realidad misma? A R, el muchacho que se escapaba de la urbe para adentrarse en el mundo despoblado, le parecía que los hombres y mujeres del planeta habían perdido el horizonte. De hecho, ha bían perdido su propia identidad, se habían perdido a sí mismos y, como R pensaba, sería difícil que volviesen a ser quienes habían sido en el pasado, virtud que algunos ya no podrían disfrutar (sobre todo los más pequeños), pues aquello en lo que vivían era lo único que conocían.
R había nacido del mismo modo en que partía ahora, en silencio y sin mucha celebración. La única diferencia era que, al nacer (un error como otro cualquiera, quién iba a pensar que la realidad virtual pudiera llegar a esos extremos) había, al menos, otra persona más allí con él. Ahora, en su despedida, estaba solo. No podía culpar a nadie. La sociedad había forjado aquel destino. Él tan sólo era un producto más. Y ni siquiera tenía un nombre de verdad. R, así le habían llamado. Hasta para eso se habían vuelto los humanos holgazanes.
En el tiempo que había pasado desde su nacimiento, R había investigado mucho acerca del lugar en el que se encontraba, no la ciudad sino el planeta. Había estudiado el comportamiento de sus gentes y la evolución que habían sufrido en los últimos siglos. El punto de inflexión se encontraba a finales del siglo XX, cuando el albor tecnológico se producía y proliferaba a un ritmo vertiginoso. A mediados del siglo siguiente, todos eran meras extensiones de una amplia red cibernética que apenas tenía un desfase apreciable de 0,001 nanosegundo. R había descubierto que el tiempo era relativo en la red, al igual que el espacio. Podía estar en un lugar antes de salir incluso de éste y sin llegar a moverse del lugar que ocupaba. Eran los últimos avances en ORV (Otras Realidades Virtuales), prototipo posterior de lo que hasta ahora se conocía. Apreció numerosas diferencias respecto a los comienzos de Internet y a lo que ahora, en el presente, era o constituía ese concepto. Para empezar, el hardware ya no era el de entonces. Apenas existía, como reminiscencia de aquel pasado, un hexaedro no mayor que un dado. Era la CPU, ahora más conocida como El Cubo. Era ésta una pequeña base de operaciones que contení a en sí todas las funciones de un sistema operativo avanzado y autoconfigurable. No tenía acceso para los diferentes formatos del pasado como DVDs, discos compactos o entradas USB. Eso era ya algo que había quedado muy atrás. Con el nacimiento de la Onda Virtual, los dispositivos de almacenamiento estaban por todas partes, flotando en el aire mismo. Eran unas ondas parecidas a las de radio que gozaban de cierta sensibilidad y, algunos afirmaban, constituían el principio indisoluble de los primeros rasgos de Inteligencia Artificial, pues aquellas ondas vagaban por el Universo y se veían atraídas o repelidas por las emociones de los seres vivos. Se movían como si tuviesen conciencia y vida propias. Era así que Internet había evolucionado hacia un hermanamiento de mentes afines, de sensibilidades gemelas y estímulos comunes. Las ondas iban seleccionando seres humanos y agrupándolos en comunidades con intereses igualados. Sin embargo, los piratas informáticos habían ideado la FIS (Falsa Identidad Simulada) y, como si se tratase de un disfraz, tras ella se escondía la mayoría de los usuarios. Era su escudo personal. Era muy frustrante para todos mostrarse tan abiertamente, algo para lo que nadie estaba acostumbrado después de aquella revolución tecnológica. Vivir en una mentira era mucho más fácil. Sólo unos pocos se salvaban. R estaba entre ellos. Pero ¿qué podía hacer él? Ni siquiera era un humano convencional.
Las comunidades de usuarios afines (CUA), consiguieron preservar su intimidad hasta el punto de creer quienes decían ser. De ese modo, comenzaron a sucederse las enfermedades mentales de forma masiva, sobre todo aquellas relacionadas con desdoblamientos de personalidad o esquizofrenia. Si bien, la ciencia había avanzado tanto como la tecnología, era un mal que había superado con creces las antiguas plagas de Cáncer y Sida que asolaron décadas atrás el planeta. Se podía decir que las enfermedades físicas habían sido erradicadas casi al completo. No así las psíquicas, que proliferaban con temerosa rapidez. El planeta había “evolucionado” tomando como base lo intangible e inexistente. A ese ritmo, pronto creerían tanto lo que imaginaban, esa otra realidad creada, que no se moverían de sus asientos pensando que ya estaban viviendo sus vidas, cuando, sin embargo, seguían el camino hacia una muerte segura, tanto física como mental.
Las calles habían comenzado a vaciarse. El tráfico había disminuido considerablemente. Las asistencias obligatorias a clase comenzaban a notar preocupantes bajas. El absentismo era una de las mayores lacras de la sociedad. El ser humano prefería fantasear en aquel mundo virtual. Ha bía avanzado tanto que ya prácticamente no había diferencia entre una realidad y otra. R había sido el producto de una de esas realidades, ya no sabía muy bien cual. Sus padres, Tantra y SexMachine se habían conocido meses antes de crearle. Eran dos personas que jamás llegaron a verse el rostro. Confiaron en las mentiras que el uno al otro se contaban y luego... luego decidieron adentrarse en el mundo de la paternidad y crear una familia. Eligieron cada uno de los rasgos físicos de su bebé, desde el color de sus ojos hasta el último pelo que cubriría su cabeza. Luego eligieron el día de nacimiento y la evolución del embarazo. A continuación determinaron una psicología y un carácter preciso. Definieron una vida. Pero lo hicieron hasta que se cansaron de aquel juego, bien entrada la adolescencia del hijo de ambos. Si bien, como unos pad res de verdad, Tantra y SexMachine habían seguido todo el embarazo, las visitas virtuales al ginecólogo y la matrona, el parto, los berridos nocturnos, los primeros días de colegio... llegó un momento en el cual no se soportaron. A los cuatro meses de estar juntos decidieron dar por terminada aquella relación virtual. Es evidente que el espacio y el tiempo (como bien apuntábamos anteriormente) funcionan de una manera un tanto distinta a la habitual. Así, al quinto mes, cada uno de los padres de R ya te nían nuevas parejas y se habían olvidado de su hijo en alguno de los rincones cibernéticos. R quedó huérfano. Incluso cuando quiso buscar a sus padres, estos habían cambiado sus nicks.
Después de aquello, R tuvo pesadillas y la fiebre casi acaba con él por culpa de uno de esos malditos virus informáticos. Al superar aquel estado febril y ganar la partida a la muerte, algo extraño comenzó a sucederle. Comenzó a fluctuar, a aparecer y desaparecer aquí y allá. Su pensamiento fue absorbiendo cada bit de información que encontraba en la red. Su sabiduría y conocimiento fue creciendo gigas enteras por segundo. Y llegó un momento en el cual explotó. Sí, reventó y se expandió. Luego se contrajo y ya no estaba dentro, sino fuera. Y fue estando fuera que lo vio todo con mayor claridad. Vio la maldición de aquel Cubo al que vivían sujetos millones y millones de seres humanos. Vio que las ciudades se habían convertido en tumbas abiertas sobre las que pronto se amontonarían los cadáveres y no cabría más que esperar a que los edificios se derrumbaran para sepultar los restos de una Humanidad perdida. R vio con tristeza aquello en lo que se había convertido el planeta. Siguió camina ndo entre sombras, lejos de la ciudad, bajo la luz de la Luna. Quizá aún se pudiera cambiar el destino. Muchos lo habían hecho en la historia. Caminó. Se sensibilizó con su nuevo cuerpo. Apreció cada una de sus células trabajando en su interior. Sintió. Lloró. Todo era nuevo para él, las emociones se agolpaban y... eran tan reales. ¿Cómo aquellos que siempre habían poseído ese don habían renunciado con tanta ligereza a él? ¿Cómo habían renunciado a la vida? R subió la colina que separaba la naturaleza de la civilización. Del otro lado vio unas sombras moverse. Una veintena de hombres y mujeres se volvieron hacia él y clavaron sus ojos en el muchacho. Le sonrieron. Uno más había despertado. Lo que ellos aún no sabían era que, R jamás había existido. Hasta ahora. May 26 Terrorífico Fanzine a la vistaCon el ánimo de seguir apoyando la iniciativa de Horror Hispano de nuestro amigo y colega escritor Darío Vilas Couselo, os dejo una interesante noticia al respecto y os animo a todos a participar. A partir del próximo 15 de junio la web H-Horror comenzará la votación para la selección de los relatos que pasarán a formar parte del fanzine en papel de H-Horror. Los lectores debéis votar vuestros relatos favoritos. Aquellos que tengan más votos se incluirán en la revista, editada a través de Bubok. El maquetado, corrección y diseño se realizará a cargo de H-Horror. Para votar vuestro relato favorito, tendréis que enviar un correo electrónico indicando "Mi voto" en el asunto, a la cuenta de correo: horror_hispano@yahoo.es El plazo de recepción de votos finalizará el 30 de junio. También se recuerda que, hasta la fecha indicada, aún estáis a tiempo de incluir uno de vuestros relatos, que se publicará en la página y participará en la votación. A partir de esa fecha, los relatos recibidos quedarían para el siguiente número del fanzine. Aquí tenéis más información sobre el sistema de votación: Cada persona puede votar una sola vez, y el voto será para un único relato de los que estén publicados en h-horror.com entre el 15/06 y el 30/06 Sólo se admitirá un voto por persona y cuenta de correo. Cualquier evidencia de que una misma persona pueda estar votando varias veces acarreará la eliminación del voto. No obstante, también se podrá emitir un segundo voto para relatos de la sección NoSoloHorror, pero deberá tenerse en cuenta que sólo se incluirá uno de estos textos, ya que en el fanzine debe primar el género de terror. Ningún miembro de la administración de H-Horror, cuyos nombres figuran en la portada de la página, podrá participar de la votación, quedando en mano de los visitantes de la página. No obstante, sí se permite que sean votados los relatos cuyos autores sean parte de la mencionada administración. Sus obras publicadas se acogen a los mismos derechos de selección que las del resto de colaboradores. Los votos deben enviarse a la cuenta de correo facilitada en la portada de la página, indicando el relato seleccionado, así como el nombre y apellidos del votante. Un correo para el voto del relato de terror, indicando "Mi voto" en el asunto del mail, y otro para el de la sección NoSoloHorror, indicando en el asunto "Voto NoSoloHorror". Se incluirán los relatos más votados hasta alcanzar la extensión prevista para el fanzine, que rondará las 40 páginas. Esto está pendiente de confirmar según las pruebas de maquetado que realicemos y el precio que se derive de su coste de edición, ya que la intención es que sea lo más asequible posible. También se dará la opción de descargar el fanzine en pdf. La administración de H-Horror se pondrá en contacto con los autores de los relatos seleccionados para solicitar su consentimiento para la publicación de su obra en el fanzine en papel, ya que son los legítimos propietarios de los derechos de autor y siempre se respetará la propiedad intelectual. Si alguno de los autores no está de acuerdo con su publicación, se notificará en las novedades de la web y se descartará. H-Horror no se reservará los mencionados derechos, con lo que sus autores son libres de publicarlos en cualquier otro medio. Los autores no percibirán beneficios derivados de la publicación de sus obras en el fanzine H-Horror en papel, ya que se realizará a través del servicio gratuito de Bubok y sus beneficios se destinarán íntegramente como dotación de un certamen de relatos que se anunciará con antelación. La administración de H-Horror no se reservará ningún porcentaje de estos beneficios, no se trata de un proyecto con ánimo de lucro, sino de divulgar la literatura de terror hispana, que es la misma finalidad de esta página Web. En caso de que alguien manifestase algún inconveniente con respecto al destino de los beneficios, estos se cancelarían totalmente, dejando el fanzine a coste de producción, dato que se podría contrastar facilmente en Bubok. Asimismo, una vez que la recaudación fuese suficiente para afrontar la dotación del certamen de relatos, el fanzine continuaría a la venta, pero su precio se reduciría al de coste, para que no generase más beneficios. No se establecerá una fecha concreta para la edición del fanzine, ya que su puesta definitiva a la venta dependerá del tiempo de que disponga la administración de esta Web para dedicar a la maquetación y diseño. En todo caso, se comenzará a trabajar con los relatos seleccionados en cuanto finalice el período de votación, y se irá informando periódicamente de las novedades al respecto. Lo importante es que el resultado sea de la mayor calidad posible, y que haga justicia a las obras que recopile. Si existiese alguna clase de desacuerdo con la publicación del fanzine, tanto por parte de los autores como por la de la administración de la página, se cancelaría el proyecto de forma definitiva. Se trata de dar a conocer nuestras obras, de colaborar en un proyecto ilusionante que pretende rescatar un tipo de publicación, el fanzine de terror, que escasea hoy por hoy en nuestro país. Gracias de antemano por vuestra participación, y mucha suerte a los autores. May 25 Presentación de "La Última Confesión" en FNAC MurciaHola a todos en este lunes, comienzo de semana que espero no pese tanto como suele por tópico mismo atribuido. Ho
Fue un acto sencillo, pero no por ello carente de cierta magia. Allí estuvimos dando nuestro apoyo a José Antonio, una gran persona que tuve el placer de conocer en esta presentación, su esposa Lita, Melissa y Fernan, Evan y yo, además de escritores que ya despuntan en el panorama como son Patrick Ericsson y Paco Martínez Mengual. Para todos no tengo más que palabras de halago más que merecidas, pues vi en ellos estupendas personas de gran corazón, desde el autor hasta cada uno de los que luego disfrutamos de la mutua compañía tras el acto.
El acto en sí, realizado en la FNAC de la Nueva Condomina de Murcia, fue
presentado por Claudia Bürk, amiga y escritora que no tardará en
sentarse al otro lado y ser ella la presentada, estoy seguro de ello.
Para ser la primera vez que lo hacía, estuvo más que bien, dando pie en muchas ocasiones
a resolver ciertas incógnitas con preguntas directas al autor,
complacido siempre con estas intervenciones. Después de la introducción
que Claudia hizo sobre la obra y el autor, a quien comparó con John
Katzenbach y afirmó que bien podríamos tener aquí a un digno sucesor de
Stieg Larson, cedió la palabra a José Antonio que, con su buen humor
nos terminó de amenizar la velada y nos ofreció un lado más íntimo, ya
no de la obra, sino del autor y del proceso mismo de creación. Después
de una ronda de preguntas del público, acabó todo con la firma de
ejemplares de su libro. Lo que sucedió después me lo reservo, lo guardo en el baúl de los buenos recuerdos. Espero que el autor siga escalando posiciones con su obra y, sobre todo, poder seguir disfrutando de tan agradables momentos y experiencias junto al
grupo que ese día nos reunimos movidos por el “azar”. Mis mejores
deseos a José Antonio con su “Última Confesión” y a todos los que
hicieron de aquel día una experiencia inolvidable. Besos y abrazos a
quien corresponda. Por cierto, para quienes quieran adquirir el libro, lo pueden hacer a través de la web del autor: http://www.joseantoniocastro.com o del enlace que he puesto a la izquierda de mi blog. Y aquí unas pocas fotos del acto, quien quiera verlas todas habrá de ir al Facebook. Hasta pronto. May 22 AlondraQueridos amigos y blogueros, he aquí otro de esos relatos creados ex profeso para un concurso, en este caso se trataba del V Certamen Femenino de Narrativa Ciudad de Chinchilla 2009. Tal vez no hubo suerte o quizá no caló como pretendía en el jurado y es que me cuesta tanto desligarme de mi propio estilo anexionado a lo fantástico de un modo u otro… Bueno, aquí os lo dejo y ya me comentáis. Besos y abrazos a quien corresponda. Feliz fin de semana. Por mi parte se presenta interesante (mañana iré a la presentación de “La última confesión” en la FNAC de Murcia). Lo dicho, ahí va el relato. ALONDRA Los ojos de quienes la miraban estaban repletos de compasión, desbordados por lágrimas o llenos de esa misericordia que se le desea al alma de los muertos allende vayan una vez abandonan este mundo. Sin embargo, los de ella, la muerta, en el interior del féretro, aún reflejaban la dureza de quien no se rinde, la de una luchadora. Así era Alondra, una mujer con las alas bien dispuestas para volar, una amazona a quién nadie podía ni debía privarle de sus libertades ni de ninguno de sus derechos. Lo lamentable era, y he aquí el disgusto de todos los congregados en el velatorio, que muchos, en su orgullo machista de sentirse por encima de ella, habían tratado de poner freno a la vida de Alondra y, finalmente, alguien lo había conseguido, llamando a la muerte antes de que ésta se acercara a recoger a su huésped antes de la hora convenida con la vejez. Las plañideras lloraban quejumbrosas entre gritos de dolor fingido y una falsa desazón que, en el fondo de sus corazones, sonaba a “ya te lo dije” o a “eso te pasa por darle la espalda a tu hombre”. Parecía increíble, abrumador, que en los tiempos que corrían, aún el mundo siguiera atrayendo esos pensamientos a las mentes, sobre todo las de las más torturadas. Esas mujeres, sometidas al qué dirán, se ponían el disfraz de sufridoras, de amigas, de compañeras, vecinas y familiares, lejanos o cercanos, y emitían un lamento lastimero, arrastrándolo por el pliegue de sus prendas negras en señal de luto. Cuánta hipocresía se escondía en ellas. Eran las mismas que aguantaban una paliza porque decían que en algo tendría razón su marido cuando les levantaba la mano; o esas otras que sobrellevaban la casa a cuestas, con los niños, las tareas y los desajustes del que venía cansado y con mala sangre del trabajo. Eran ellas las que no podían estudiar ni seguir con sus vidas porque su papel ya lo había fijado la sociedad o su misma educación, haciéndoles sentir culpables por seguir un camino ajeno al que “debían”. Y ahí estaba Alondra, metidita en su ataúd, con la mirada puesta en el cielo y la piel de un tono ceniciento que ni el maquillaje conseguía disimular. Ella era el ejemplo, la excusa que todas necesitaban y por la cual todas acudían a velar, de que nunca debió hacer lo que le vino en gana sin esperar consecuencias tan nefastas.
La mirada estaba perdida en el techo, pero no vacía. La muerte no le había arrebatado la vida contenida en esos ojos de un azul intenso, ni la fuerza que invadía sus entrañas. Tan sólo le había arrebatado lo que podía, algo que nada tenía que ver con su dignidad ni con su fortaleza, algo lejano, lo máximo a lo que podía esperar arrebatar alguien con las entendederas de su asesino. Aquel había sido el que pretendió un día hacerla feliz dentro de una prisión. “¿Acaso crees que soy un pájaro al que encerrar en una jaula?”, le dijo Alondra a Tomás en una ocasión, recién contraídas las nupcias. “Que no te engañe mi nombre, Tomás, que a mí no me echas argollas ni cancelas”, fueron las palabras con las que Alondra marcó su vida en una especie de límite infranqueable. Eran, en el fondo, dos enamorados que comenzaban una vida juntos, con planes de futuro y alguna que otra riña sin importancia. Aquellas palabras se quedaron años en el aire, pero no se disiparon. Se fueron enrareciendo hasta hacer el ambiente irrespirable. Eso fue lo que sucedió. Que ni ella ni él podían estar en la misma habitación sin que la mala hierba creciese en torno a ellos y, por más que la arrancasen, crecía más y más. Por eso, a pesar de sus hijos, Alondra tuvo que poner punto y final a la relación de siete años y comenzar desde cero. Por eso y por la primera y última paliza que le propinó Tomás al volver una noche de verbena. Fueron tres costillas, decenas de moratones, algunos mechones menos, el labio partido y un ojo hinchado. Y aún así, contra todo pronóstico, tuvo el valor de mirarse al espejo y gritar “hijo de puta” a su reflejo, para que lo oyera bien fuerte. La puerta cerrada y Tomás gritando del otro lado. El teléfono entre las manos temblorosas de Alondra y una voz que contenía la rabia con esfuerzo. El pensamiento de lo que pudiera pasarle a sus hijos hizo que marcase el número de emergencias.
Tomás dejó de gritar cuando oyó que llamaban a la puerta y vociferaban con aridez. La ley golpeaba la madera y él quiso espantarla con un chillido de aquí no pasa nada. Pero la voz entrecortada de Alondra se alzó sobre el resto y llegó hasta los oídos de los uniformados. Tiraron la puerta abajo y llevaron esposado a aquel malintencionado. Fue la penúltima vez que piso aquella casa, no la última que lo intentó. Mientras alguien calmaba a los niños, pendientes y sorprendidos en el quicio de la puerta que daba al pasillo, llamaron a la puerta del baño. Alondra, sentada en el suelo, conteniendo las lágrimas y apretada contra sí misma, alzó el brazo y retiró el cerrojo. Unos hombres corrieron a socorrerla envueltos en chalecos naranjas y la llevaron en camilla. Los vecinos agolpados en el descansillo con las manos tapando sus bocas abiertas y santiguándose hacia el cielo por la barbaridad que estaban presenciando. Ninguno de ellos hizo nada entonces, ni lo haría jamás en las decenas de veces que sorprenderían a Tomás saltándose la orden de alejamiento, o gritando en la escalera hacia la puerta de su casa... Se agazapaban en sus casas, subían el volumen de los televisores o hacían oídos sordos. Sabían que la tormenta de insultos y los golpes en la puerta cesaban al final y Tomás, abatido, se marchaba hacia Dios sabe dónde a pernoctar. “Qué pena, con lo felices que parecían”, se decían las vecinas en la hora del cotilleo, siempre atentas a cualquier chismorreo que pudiera sacarles de sus casas como excusa de compartirlo con la de al lado. “Que si la Alondra ahora estudia una carrera; que si el hijo mayor no tiene quien le lleve al colegio; que vaya poca vergüenza la de la vecina que se trae chicos más jóvenes que ella a casa y dice que es para estudiar...”. Eran los comentarios de las mismas que luego llorarían en su funeral. Esos mismos comentarios que trascendían las paredes del edificio y se convertían en rumores que llegaban al bar de la esquina y a oídos de los hombres. Eran los rumores que luego volaban entre partidas de dominó y tiradas de mus hasta los trabajos en la obra o en el campo o donde fuese. Los mismos que se transformaban hasta adquirir una forma irreconocible y se posaban en los oídos de Tomás. Fueron esos rumores los que mataron a Alondra. Su ex marido tan sólo fue el ejecutor, pero aquellas palabras envenenadas fueron el arma homicida.
Encendido, Tomás llegaba a su antigua casa e insultaba a Alondra hasta que su voz se rasgaba. Solía hacerlo a altas horas de la noche, borracho y airado. Consumido por la maldición de aquellos rumores, insistentes, incesantes, en su cabeza. Y entonces su ex mujer era una perra y una puta y una mal parida. Insultos que se quedaban cortos ante la maldad que aquel hombre enajenado escupía contra las paredes de aquel primero B de un barrio de clase media. Los vecinos despertaban, pero simulaban estar dormidos. Ninguno se atrevía a salir. Por la mañana, dirían que aquella mujer le había hecho tanto daño a su marido que lo había vuelto loco. Las culpas siempre recaían en Alondra. Y siempre lo hacían bajo un supuesto, bajo una imaginación enturbiada.
En el tiempo que gozó Alondra de libertad, consiguió estudiar una carrera a la vez sacaba adelante a sus hijos con un trabajo a tiempo completo. Tenía turnos de noche y los huesos molidos, pero su fuerza hizo que aquello no mermara sus deseos de salir adelante y dar una vida mejor a los suyos. Sus padres se hacían cargo de los niños en muchas ocasiones y le ayudaban bastante. Que la universidad fuera a distancia también favorecía la distribución de sus horas. De este modo, Alondra acabó en tiempo record su licenciatura y fue coronada con laureles. Encontró un trabajo mejor y empezó a prosperar. Pasaba más tiempo con sus hijos, nada ajenos a la situación con respecto a su padre, y jamás dejaba pasar un día en el que no les demostrase lo mucho que les quería. Nunca hubieran podido imaginar que unos ojos los vigilaban retorcidos de una envidia insana, que una mente urdiendo venganza se agazapaba no muy lejos de cada paso que ellos daban. Las visitas de Tomás se habían hecho menos frecuentes y la vida era más tranquila que de costumbre. No podían pensar que aquella paz se iba a ver truncada ni que encerraba una trama mucho más peligrosa. Fue el momento en que Alondra tuvo tiempo para rehacer su vida social y decidió salir a divertirse el que aprovechó su ex pareja para asaltarla a su vuelta a casa. Los niños estaban en casa de la abuela. Alondra iba contenta, satisfecha de sus logros y un poco bebida. Habían celebrado, ella y unas amigas, el éxito con el que ahora se alzaba su vida. No pudo advertir la presencia de Tomás a su espalda mientras abría la puerta. De un empujón la tiró al suelo y cerró la puerta tras de sí. Y aquel veneno se cernió, por última vez, sobre la mujer. No hubo gritos. Fue un acto silencioso. Un acto íntimo y mortal.
Dejó el cadáver tras de sí. Salió de casa como si nada hubiese sucedido. Cerró la puerta y mantuvo la sonrisa mientras bajaba las escaleras. Fue el principal sospechoso y la policía fue a buscarle. Él negó los hechos y se mostró sorprendido de ser acusado cuando llevaba tanto tiempo sin atormentar a su ex mujer. No le creyeron y buscaron testigos entre los vecinos. En esos momentos, relataron exaltados las muchas veces que el hombre venía a altas horas de la noche y aporreaba la puerta, los gritos y los insultos. Era demasiado tarde para eso. Salieron en las noticias y repitieron la retahíla ante las cámaras, dándose importancia. Al mismo tiempo, su pensamiento se encontraba dándole vueltas a lo golfa que era esa mujer y lo mal que atendía a sus críos y la casa. Pero la hipocresía no se veía por televisión, solamente unas personas desoladas que no había podido hacer nada por evitar la tragedia. Una tragedia atraída por el rumor envenenado de las elucubraciones mentales de cuatro personas aburridas. Un final sin castigo, pues Tomás apenas pisó la sombra de la cárcel.
Alondra hubiera querido lo mejor para sus hijos. Fue lo último que pasó por su cabeza mientras las manos de Tomás le rodeaban el cuello y la dejaban sin aliento. Su vida pasó ante sus ojos en un segundo, como decían que solía suceder cuando la muerte venía a llevarte. En ese instante, despertó robando una gran bocanada de aire a la estancia. Se alzó sudorosa, empapada de pies a cabeza. Alondra miró a su alrededor, asustada. Estaba desubicada. La realidad trataba de cobrar forma mientras su mente aún caminaba aturdida entre sombras. Todo fue a ella de forma vertiginosa. Tomás... los niños... el funeral...
Esa mañana, hizo una llamada. Un muchacho descolgó el teléfono del otro lado. Sin dar explicaciones, Alondra le dijo que no quería volver a verle, que lo suyo no tenía futuro. El chico se llamaba Tomás, apenas era un adolescente. Era un buen chico, parecía un buen chico. No era esta la primera vez que Alondra tenía esas pesadillas. Sin embargo, hasta entonces, jamás había sido protagonista de sus ensoñaciones. Cada vez que tenía uno de estos sueños, la vida se sucedía a pies juntillas, sin apenas variar un ápice. Apenas había errado en un par de ocasiones, y por detalles mínimos. Su visión era muy real. Ante ella había pasado toda una vida. Pudo reconocer a la mayoría de quienes estaban en el velatorio. Todos y cada uno de ellos, a excepción de sus hijos (que aún no tenía) y sus padres, eran culpables de su muerte. De una forma u otra todos habían contribuido a su final. Habían vuelto la mirada hacia otro lugar, tapado sus oídos o creado bulos que crecieron como bolas de nieve en su contra. Ahora ya no importaba, esa gente encontraría otra víctima a la que martirizar.
En cualquier caso, Alondra encontró la libertad a través de un sueño antes de que esta le fuese arrebatada. Desde ese día, decidió hacer lo que en su visión, estudiar una carrera y crearse un futuro. No se quedaría de brazos cruzados. Fue ella quien creó la fundación MSM (Mujeres Sin Miedo) y quien ayudó a tantas y tantas otras a reorganizar sus vidas. Fue la que consiguió que la ley hiciera justicia y que aquellos que osaron alzar su rabia contra el indefenso dieran con sus huesos en la cárcel. Ella, Alondra, hizo de la igualdad su carrera y de ella se nutrieron miles de personas. En cualquier caso, la muerte no obvió su visita y la llevó consigo cuando debía. Contaba ya ochenta y muchos años cuando la enfermedad le quitó la vida. Esta vez vio su funeral, no desde un sueño, sino desde su marcha. La gente que lloraba su pérdida era bien diferente, pero sus ojos penetrantes y feroces seguían siendo los mismos ojos azules llenos de vitalidad. Seguían siendo, y así los recordarían, los de una gran luchadora. May 12 Tres Tristes TextosQueridos
amigos y blogueros, como últimamente no me habéis leído nada nuevo
puede que penséis que estoy parado, nada más lejos de la realidad. Lo
cierto es que estoy liado con diversos proyectos literarios, entre los
cuales hay un par de novelas, varios relatos, concursos,
colaboraciones, etc... y otros que prefiero callar de momento. En
cualquier caso, eso no quiere decir que tenga una carrera literaria
espumeante ni que preparar textos para concursos tengan los frutos que
uno desea. Por eso, una vez presento a concurso un relato (o varios) y
veo que no ha tenido éxito, por regla general no vuelvo a remitirlo a
ningún otro. Teniendo en cuenta que ahora escribo para el concurso en
concreto para que sea inspirado en el mismo y completamente original e
inédito, hay un buen número de relatos que no se me conocen y que,
conforme vaya descubriéndose el fallo del jurado, es posible que vaya
presentando aquí para dar más dinamismo y vidilla al blog. No digo con
esto que sean buenos relatos ni malos, en este caso, simplemente no han
ganado el concurso.
Estos son los tres microrrelatos que presenté al 3er Concurso de Micro-Relato Onda Polígono y que no resultaron ganadores. Aquí os los presento, uno detrás de otro para que los leáis y, en la medida de lo posible, disfrutéis. Últimamente hay mucha demanda de este tipo de relato en los concursos, ¿será que el jurado y los organizadores están cansados de leer? Bueno, no me lío más. Un fuerte abrazo a tod@s. EL ÚLTIMO NÚMERO
Un número
perforaba mi cabeza insistentemente. Su significado permanecía oculto. Nada de
lo que sus líneas dibujaban era relevante para mi corta inteligencia y mi
memoria no conseguía encontrar las claves de aquel rompecabezas. Hice mil millones
de combinaciones con cada una de sus partes. Lo volteé hacia arriba y hacia
abajo, como si de ese modo pudiera exprimir su secreto en una especie de jugo
matemático. Busqué combinaciones imposibles, similitudes inverosímiles entre
números primos e incluso traté de emparentarlo con el famoso Pi. Nada de eso
funcionó. La desesperación me roía las entrañas. Mis sienes anunciaban un
estrepitoso fracaso con un palpitar incesante, abrumador y doloroso. La cabeza
comenzó a darme vueltas y los ojos se me nublaron antes de sentir una presión
punzante en las pupilas. Todo giró a mi alrededor y los garabatos se mostraron
socarrones en el aire, flotando ante mí. La delgada línea que separaba la
ficción de la realidad se rompió. Alargué mis brazos en un acto desesperado.
Fue inútil. La nausea me invadió e hizo que me arrodillase. Sumiso ante el
desconcierto, los números se ordenaron ante mis ojos. Era la última sucesión
numérica de la bomba que estaba a punto de estallar.
SOLEDAD
Antes de existir ya era. Y era porque tenía plena conciencia. Partiendo de esto, la única pregunta que cabía hacerse era ¿quién fue el Creador? ¿Quién dio la chispa a la vida que mi ser contenía? Y, más importante aún ¿por qué era capaz de hacerme estas preguntas cuando ya fui antes de la propia existencia?
Me moví entre galaxias, acariciando el polvo que las estrellas dejaban a su paso en estelas plateadas. Navegué por todo el Universo en busca de vida inteligente o, al menos, algo que irradiara una esencia vital. No obstante, jamás encontré el espejo en el que ansiaba verme reflejado. Mi ego estaba tan pagado de sí mismo que al reventar, como una onda expansiva, se devoró de dentro hacia afuera y me trajo hasta el lugar en el que me encuentro: un planeta llamado Tierra.
He aquí que he hallado vida en este mundo, una luz en la oscuridad. Sin embargo, al encontrarme frente a las criaturas que lo habitan, me he dado cuenta, más que nunca, de lo solo que me encuentro en este vasto infinito.
CUESTIÓN DE AZAR
Con desesperación, se acuclilló para coger algo del suelo. Tres pares de ojos lo miraban escrutadores. El sudor le recorrió la frente y resbaló hasta sus mejillas, mezclándose con las lágrimas incesantes, unas lágrimas que anunciaban el final del trayecto, un final como el del río que disuelve sus aguas en el mar. Quiso quedarse allí abajo, pero una mano lo agarró por la pechera y le obligó a ponerse a la altura de sus tres acompañantes. Sus rostros eran poco afables y su aspecto no buscaba amigos, sino todo lo contrario. Eran enemigos de la vida misma, no había más que mirarles a los ojos para saber qué es lo que esperaban del mundo. Tal vez había sido cosa del azar, del tono de su piel o de su acento. Tal vez una mezcla de todo. Fuese como fuese, le habían sorprendido sin que pudiese oponer resistencia. Y ahora estaba allí, apretando con fuerza aquel pequeño objeto; él decidiría su destino. Los tres cabezas rapadas empujaron al muchacho y le instaron a que procediese. La última imagen que vio fue la del dado cayendo a sus pies susurrando una única palabra: muerte. May 08 H-Horror abre sus puertasHoy tengo que dar una gran noticia y es que un
nuevo proyecto amanece, ve la luz, nace… Nos encontramos ante un nuevo
camino que ha tratado de abrir nuestro buen amigo Darío Vilas Couselo,
al que algunos conoceréis de Tus Relatos y otras páginas como Xulio
Estón y como precursor del Proyecto Voces. Si no lo conocéis, pues tan
poco pasa nada, porque aquí llega la oportunidad de hacerlo a través de
la web que ha creado y que, a pesar de que aún está creciendo, es tan
sólo una bebeweb, tiene visos de ser tan alta como el que más. Os hablo de www.h-horror.com
, una página que Darío quiere orientar hacia el terror de creación
hispana, dando así un nuevo enfoque a este género dentro de la
literatura. No obstante, en la página tienen cabida otros géneros en un
subapartado que el autor ha creado para textos de otra índole. Aún,
como decía, está creciendo, se puede decir que cuando leáis esto aún
estaremos retirando la placenta, y
en este momento ya se está iniciando la recepción de relatos para su
posible publicación en la web. Así que, todo el que esté interesado,
está invitado a enviar sus relatos de terror a la dirección de correo
que aparece en el inicio de la web. Pronto también se subirán artículos
y demás. Como digo, esto está creciendo y aún ha de madurar mucho.
Darío planea incluso darle soporte físico y crear un fanzine, así como
un concurso de los beneficios del mismo, pero todo esto son ideas que aún
se van forjando y que el tiempo irá poniendo en el lugar que
corresponda. Os invito a visitar la web y colaborar. Como poco pasaréis
un poquito de miedo a la española, o eso se intenta. Un fuerte abrazo a
todos. ![]()
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